Matrimonios LGBTI en Tijuana — Letras Cualquiera

Vídeo por Crisstian M. Villicaña Por primera vez en la historia de la ciudad, siete parejas del mismo sexo logran contraer matrimonio sin necesidad de un amparo legal.

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El diablo le dijo que estabámos solas

El diablo le dijo que estabámos solas

Por Jazmín Lozada

2:05 A.M.
Rubén, ¿quieres divertirte?
Quiero que la pases bien, yo puedo decirte cómo. Tú lo que necesitas es una mujer, ¿o ya se te olvido lo calientito y húmedo que se siente eso? ¿o ya te volviste putito, como tu compa La Loca? Sabes que nunca debiste compartir esa jeringa con él, o ella. Pero yo tengo dos mujeres para ti, ¿las quieres? Tú sabes quiénes son, las que viven en la casa del foco que te chingaste.
Inyéctate, Rubén, eres hombre, ve a divertirte.
2:05 A.M.
Elisa, despierta.
Es mejor que te levantes, alguien viene. Ya está en camino, falta poco. Despierta a tu mamá y cuéntale de la visita, pónganse a salvo, protejan su hogar. ¿Crees que es un sueño? ¿Te acuerdas del hombre que tomó el foco y no dijiste nada? Pues inhaló la luz en tu casa y ahora la oscuridad las tiene presas. En sueños ese foco todavía iluminaría tu puerta, pero ahora todos piensan que tu casa está abandonada. Quiero que estén a salvo.
Despiértate, Elisa, son mujeres, vayan a protegerse.
2:20 A.M.
Mírala, ahí parada en la ventana.
¿Ves su pequeña sombra? Te espera, deberías entrar ya, nadie va a detenerte. Los perros ladran enloquecidamente y nadie acude a revisar qué pasa, todos duermen y sueñan con lo que más desean, no van a despertar. No, ellas no llamarán a la policía, no tienen teléfono, ni internet. Nadie se interesa por lo que les suceda. Te aceptarán con cariño.
Mira, la madre también te está viendo, quieren que pases, pero son muy tímidas para decírtelo.
Te quieren, Rubén.
2:20 A.M.
Qué bueno que tu mamá se levantó.
El hombre sonríe porque se imagina todas las cosas que les va a hacer. Te recomiendo buscar como matarlo. Un cuchillo puede ser bueno, ¿si tienen cuchillos? ¿verdad?
Debe de quedar alguno en la cocina. O si no usa el bate de baseball, yo sé que tienes uno, porque una noche en la que tu padre llegó borracho le pegaste con él. O quizá tu madre tenga una mejor idea. Ves, ya somos dos, el cuchillo será la opción.
¿Ya pensaron que harán con la carne?
2:30 A.M.
Creo que vi una sombra pasar por la ventana de abajo, creo que vienen a abrirte, te deberías acercar. Ellas mueren de ganas porque las abraces y las llenes de besos, las mujeres siempre quieren eso. Adentro te esperan con caguamas y envueltas en sus camisones de seda. Tienen una bolsa llena de polvo blanco, era del padre, está escondido bajo las escaleras, pero él ya no va a regresar y será tuyo. Ya te imaginas la enorme diversión que vas a tener para ti solo.
Cruza la calle y mueve la perilla.
2:30 A.M.
Ya está cruzando la calle.
Déjalo pasar y cuando entré mátenlo, porque si no seguirá regresando noche tras noche y no las dejará dormir, intentará entrar hasta lograrlo y la noche en que lo logré las matará a ustedes y se comerá su carne. Mejor acaben con él ahora, en fin, es un maldito drogadicto que no tiene lugar en este mundo. Siempre escondido entre la maleza, en los rincones más oscuros de las calles, o solos, se sienta a observar a las personas y siempre piensa en las cosas malas que le gustaría hacerles, él sabe que son cosas malas y eso lo excita. Pero sus favoritas son ustedes, porque las ve tan solas y piensa en lo divertido que será chuparle los senos y morderles los pelos púbicos. Lo estáspensando, no lo diré, pero estás pensando en todo lo que él quiere hacerles.
Lo estás pensando y tienes razón.
2:40 A.M.
Ellas saben tu nombre, Rubén, y lo repiten en su silencio, lo repiten como si fueras un dios, o un deseo. Acércate más para que lo escuches. Si quieres yo te enseño a escuchar el silencio. Observa, clava tu mirada en sus bocas, ¿lo escuchas?, sí, ¿lo sientes?, ese tibio aire viene de sus bocas, de tu nombre pronunciado. No es necesario que toques la puerta. Sólo gira la perilla.
Ellas te abrieron para que pases.
2:50 A.M
Elisa, te preguntarás por qué se ha detenido en medio de la calle de asfalto, es porque está pensando en su entrada triunfante, en las palabras o no palabras que dirá al entrar, ¿saludar o no saludar?, ese es el dilema de la muerte que llega de un golpe sin avisar o lento… tortuoso, lleno de saludos. Pero él no te quiere preguntar cómo estás, ya lo sabe, le gusta tu silencio en el que se imagina que pronuncias su nombre. Le gusta tu silencio, el mismo que harás cuando él llegue y te penetre.
Mejor, penétralo tú.
3:00 A.M
Ya muévete, Rubén, pareces un pedazo de basura sobre el asfalto. Ya estás en el patio de la casa, te sientes seguro, está lleno de maleza y es la parte más oscura de la colonia.
No hay luces que puedan prender. Gira la perilla Rubén.
Los perros han dejado de ladrar.
3:00 A.M.
Elisa, ¿ayer cerraste la puerta?
¿No recuerdas?, no importa que corras a revisar, mejor aprieta bien el cuchillo, yo sé que lo guardas bajo tu almohada desde que tu papá se fue y olvidó la bolsa negra, siempre sentiste que alguien vendría por ella. Ese hombre de ojos rojos ya está abajo. Yo le dije dónde está la bolsa negra, ya la encontró. Pero yo te diré como matarlo.
Cuando terminé de subir las escaleras, ordénale “mírame a los ojos”.
Ordénale.
3:05 A.M.
Te dije que la puerta estaría abierta.
¿Crees en mí? Ya tienes la bolsa negra. Ahora sube y abre la puerta del cuarto de enfrente, ahí están las dos. ¿No sabes que decirle? Yo sí, diles lo que te decía tu mamá siempre que quería tu atención.
Diles con cariño.
3:06 A.M
¿Tu madre se desmayó, o quiere que la despierten con un beso? Se asustó con los pasos en la escalera. Él subió rápido. Toma muy fuerte el cuchillo y no dudes.
Está del otro lado de la puerta.
3:06 A.M
—¡Mírame a los ojos! — Dijeron los dos al mismo tiempo.

Encontrar una arruga

Encontrar una arruga

Él piensa en mí con las cosas tristes.
Por eso ya ni mira los homeless de la colonia ni a los perritos abandonados, y cuando va al cine se sale un poco antes de que empiece el momento melancólico. Pero lo que más trabajo le cuesta, es dejar de escuchar Pornography de The Cure.
Una tarde, cuando iniciamos nuestro noviazgo, le pregunté por qué le gustaba tanto ese disco y me contestó: “Tiene un poder maravilloso”, observó mi rostro sin asombro alguno, creo que esperaba que hiciera una pregunta. Y contraataca: “Si al inicio del disco estabas feliz, terminarás sintiéndote triste; y si lo escuchas cuando estás triste te pone aún más, con riesgo a suicidarte”. Obvio, yo le pregunté quién quisiera ponerse triste a propósito: “Los poetas desesperados y a quienes le han roto el corazón”.
No es que él no quiera pensar en mí. Yo sé que quiere, y lo hace, aunque el muy tonto piense que no.

¿Por qué lo dejé de querer?
Una tarde, en ese breve espacio en el que los hombres cierran los ojos para descansar, descubrí un línea en su rostro como en el lugar en equivocado y quise borrarla con el dedo. Y descubrí que no era una arruga cualquiera, sino que era profunda, y que no se iría a ningún lado.

Y con una vocecilla estúpida y chillona, me dijo: “Hola, nena”.
Claro, me asusté, di un brinco para atrás con una brusquedad que ocasionó que lastimara a Diego. Escuché un aullido por parte de él, y un “¡Auch!” por parte de la arruga, y luego su risa. Solo quienes hayan escuchado la risa de una arruga podrán saber que es una mezcla entre un rechinar de dientes, una persona histérica, y la voz de quien más te saca de quicio. “Miren a la nena, no le gustan las arrugas. Pobrecita, no sabe que en un par de años la reina también tendrá arruguitas, en la cara, en el cuello, en todo su cuerpecito”. Me pareció escuchar que se relamía los labios.
Salí corriendo de la casa de Diego sin darle ninguna explicación. Me pusé a pensar en nuestra diferencia de edad, en realidad no era mucha, yo tenía 24 años y él 30. Aun así, en Diego encontraba el horrible destino que tenemos todos, tenía la muerte más cerca. Empecé a soñar que se pudría y que me quería contagiar. Lo sé, soy una persona con pensamientos horribles, pero son cosas que no podía evitar. ¿Tú también has tenido esos pensamientos?

Fue por aquel tiempo que descubrí que la piel también es un lenguaje.
Diego era perfecto, hasta que su arruga comenzó a hablar. ¿Será que la piel se encarga de decir nuestros verdaderos sentimientos?

Pues, la siguiente ocasión que miré a Diego a la cara, y creo que fue la última, su arruga me dijo: “¡Ey! nena, me alegro de que volvieras, yo sabía que te gustaba lo arrugadito, ya sabes lo que dicen, entre más textura mejor se siente”.
“¡Uhg!”, me sentí mal, quería darle una cachetada, pero solo solté un “¡Me das asco!” No sé qué habrá dicho Diego, porque cada vez existía más la arruga y menos él.
“¿Qué, no sabías que los hombres maduros son guapos por sus arrugas? Ya, acepta que te encanta y vamos a lo oscurito para que sientas lo que es rico”.

Las tres voces, Diego, yo y la arruga, no, no, no, yo, Diego y la arruga, porque no puedo estar cerca de ella ni en la oración, se revolvieron en un círculo incomunicable.
“¡Me das asco, deja de hablarme!”, “¿Ya no me quieres?”, “No”, “¿Pero hace unos minutos dijiste que me amabas?”, “Ya, ven y dame un besito”, “Me das asco” “¿Qué es eso que tienes en la cara? ¿Es una linda arruguita? Jaja”, “Idiota”, “Pero si yo te quiero, al menos explícame”, “si te quedas, te comeré”, “¡No!”. Volví a salir corriendo, gritando “Me das asco, me das asco”.

Diego me llamó enseguida, me buscó en mi casa, al principio yo me escondí, pero fue muy persistente. Una noche llegué y lo encontré en la oscuridad de mi porche, no apagué el carro, seguí conduciendo sin voltear a verlo. Así di vueltas en la colonia un rato. Cuando regresé pensé que no lo encontraría, pero ahí estaban. Era muy noche para volver a escapar. El primero que me saludó fue la arruga. Le grite: “¡Cállate!” y se puso a reír, creo que es lo que más le gustaba hacer. Diego me dijo: “Pero, he venido a hablar, creo que es lo menos que me merezco”, “Claro, disculpa” dije sin mirarlo a la cara. Lo dejé hablar, y hablamos. Me contó todas sus razones por las que deberíamos darnos una oportunidad, me prometió cosas, y me pidió que le dijera la verdad. Y le dije, “Ya no te amo, deja de pensar en mí”, y me fui corriendo al baño, a vomitar, a llorar, a mirarme a la cara con el temor de encontrarme una arruga.

Supe que se daría por vencido, porque se quedó un buen rato sentado en el porche, yo escuchaba a su arruga que le daba ánimos, lo invitaba a buscar “mamacitas” al Hong Kong. Creo que Diego no podía escuchar a su arruga. Entre las cortinas y con la luz apagada lo espiaba, esperando a que se fuera, y cuando se fue, se fue en silencio, contemplando el camino. No volví a mirarlo.

Claro, he pensado que es inevitable tener arrugas y que no puedo escapar de ellas, también estoy conciente de que no merezco que alguien me quiera. Pero si tan solo esa arruga hubiera sido menos vulgar, quizá yo le hubiera dado una oportunidad.
A veces me pongo a pensar, que quizá ya estaba ahí, pero fue hasta que la vi, hasta que me quedé contemplando su frente que ella empezó a molestarme. Por eso, te pido de favor, por tu bien, que cuando termines de leer esto no te veas al espejo, ni contemples las frentes de otras personas. No querrás encontrarte con una arruga vulgar.

Convocatoria Perígrafo, Revista literaria — Jazmín Lozada

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No querrás ver a un gorila enorme llorar

No querrás ver a un gorila enorme llorar

Por Jazmín Lozada

Ayer soñé con las tortugas ninja y con King Kong.

     Pero este King Kong, mi King Kong, había evolucionado a través de diversas sustancias, al principio su cuerpo era como el oro fundido, después algo parecido al titanio, pero al final ya solo era una maraña gigantesca de fuerza. Y, por supuesto, los humanos lo querían matar. Él quería escapar, pero todas las fronteras estaban ocupadas; con sus poderosos sentidos percibía las guerras alrededor del mundo y sintiéndose culpable y sintiéndose tonto, dedujo que su única opción era escapar del planeta. Por esa razón utilizaba al Empire State como una escalera para largarse de aquí.

     Yo era Miguel Ángel, una de las cuatro tortugas ninja y trataba de cuidarlo, traducir ambos lenguajes y fungir como mediador entre los dos para convencerlos que King Kong no quería hacerles daño, y convencerlo a él, que los hombres no lo culpaban de las guerras. Sin embargo, al mirarme en el reflejo de mi espada deduje que, por mi apariencia no humana, no me harían caso. Y así fue.

     Con el poco valor ninja que me quedaba, me paré frente al gran ejército de diminutos hombres que nos estaban rodeando y les exigí que no lo mataran. Todo fue en vano, qué ingenuo fui al pensar que me harían caso, qué ingenuos fueron al pensar que podían matarlo.

     Entonces, una figura con uniforme militar se me acercó y pronunció, con una voz muy parecida a la de mi sensei, algo que no consigo olvidar: ¿Por qué no matar eso que nos destruye? Miré atrás, y el miedo que tenía King Kong había destruido la ciudad.

    Algún cobarde debió dispararme por la espalda, lo sé porque desperté en mi cama. Pronto me dio sueño y me dormí pensando en mi respuesta que le daría al viejo soldado. Al volver, lejos de encontrarme en ese mismo instante del que me arrancaron, me encontré en una ciudad envuelta en humo y ceniza. El llanto de King Kong se escuchaba lejos, pero de un momento a otro me encontré frente a él. Estaba llorando, y te lo aseguro: no querrás ver a un gorila enorme llorar.